Dos ingenieros plantaron 10 hectáreas de olivos como una alternativa de inversión empresaria. El trabajo se hizo con plantines de casi un año en un campo con partes salinizadas. Además, entre las líneas de plantas de olivos se sembró zapallo cabuteano para amortizar los costos hasta que el olivar comience a producir.
Pese a que la provincia de Santiago del Estero posee una tradición en la producción de olivos que se refleja en varias quintas particulares y en forma doméstica y también en algunas instituciones públicas como el vivero municipal de La Banda que posee un bosque de olivos que cada año derrama su cosecha sin ningún tipo de cuidado, hasta ahora, la producción de olivos no había sido abordada como un proyecto de inversión a mediano plazo en forma intensiva y con posibilidades de un desarrollo empresarial tal como se está realizando en La Aurora, departamento Banda.
En la finca Tres Olivos que consta de 17 hectáreas y con riego por acequias, los ingenieros agrónomos Juan Carlos Solmesky y Augusto Ferriol, realizaron una plantación de 10 hectáreas de olivos con el objetivo de producir aceite y aceitunas. Como la plantación va a comenzar a dar sus frutos comerciales a partir del tercer año de implantación, para ir costeando los gastos que demande el cultivo, los ingenieros realizaron entre las líneas de olivos, la siembra del zapallo cabuteano ó tetsukabuto para con esa producción, atender los costos de la implantación.
“La plantación de 10 hectáreas de olivos es una plantación muy moderna, hay 5 variedades plantadas, cuatro variedades son para producción de aceite de olivo y una variedad se llama doble propósito, que produce muy buen aceite y, además, la aceituna, si convienen los precios y el mercado, va para aceituna de conserva, para aceituna común de mesa”, indicó Solmesky al trazar un panorama del objetivo del emprendimiento.
Plantines de un año
Esta plantación se realizó en septiembre y la implantación se hizo a partir de plantines de casi un año de edad, adaptados al clima de Santiago del Estero. “Nosotros traemos y producimos en nuestros viveros de Santiago y Catamarca los plantines, la plantación está hecha a 6 metros entre hileras y la distancia entre plantas es en los cabezales, en los laterales, a distancia de dos metros las primeras dos hileras, luego siguen a tres metros entre plantas, y luego una plantación más tradicional de seis por seis”, apuntó Solmesky. En este modelo de plantación, pueden entrar entre 400 y 500 plantas por hectárea.
A la hora de hablar de números y de inversión para realizar en la plantación, indican que “una hectárea cuesta entre 4 y 5 mil pesos, de acuerdo a lo que tengamos en cuenta. En este caso hay un sistema de riego por surco, lo hemos hecho con arado de mansera y el agua va dirigida exclusivamente a las plantas de olivo. Y entre hileras, para poder aprovechar la superficie hemos hecho una plantación de zapallo kabutiano o Tetsu kabuto, la idea con esta plantación de zapallo es poder costear los gastos generales de mantenimiento de la finca durante los tres primeros años hasta que entre en producción la plantación con aceitunas”.
El campo, donde se hizo la plantación carga con una historia de agricultura, especialmente de algodón y de riego por manto lo que dejó algunas zonas del suelo ennegrecido por el salitre que siguió a la sobrecarga de agua de riego. Precisamente en una de estas manchas ubicada en una de las cabeceras y donde ni siquiera crecen las malezas, allí se puede apreciar los brotes de la planta de olivo que fue implantada hace un mes y ya desarrolló poco más de unos 10 centímetros.
“Eso se explica por el grado de rusticidad de la planta, donde no crece ni un yuyo ni una maleza, podemos observar las plantas de olivo totalmente verdes, como que ni se dan cuenta de que acá hay salitre, porque la planta es muy rústica. Esto muestra su rusticidad y adaptación”, indicaron los técnicos.
Esquema de riego
El esquema de riego también fue realizado a medida de la plantación. Cada hilera de plantas está colocada en el centro de un surco y alrededor de cada planta se hizo una taza para contener el agua de manera que el agua llegue directamente a la planta y en cantidad suficiente, evitando repetir al historia anterior del suelo de sobre abundancia de riego.
“¿Qué le hacemos a la planta al colocarla?, les ponemos un tutor, que tiene que durar aproximadamente un año, un año y medio, es con caña tacuara. Le hacemos una taza alrededor y este sistema de riego que permite que el agua esté disponible solamente en esta zona, que no se vaya a otros lugares para que no difunda la maleza, porque cuanto más agua más maleza”, apuntan los ingenieros El resultado, explica Solmesky, es que “ahora utilizamos un 10% del agua que se utilizaría con otro cultivo, gracias a este tipo de tecnología que aportamos con el riego”.
El zapallo entre líneas
Como las hileras de plantas están colocadas a seis metros unas de otras, queda una superficie libre que los ingenieros optaron por cubrir con la siembra del zapallo tetsukabuto. La siembra se hizo no por el medio de esa superficie sino en los costados de los surcos donde están las plantas de olivos para que de esa forma las guías de las plantas que ya comenzaron a florecer, puedan crecer hacia el otro extremo. La idea es con la cosecha de zapallos cada cuatro meses, poder costear los gastos de estructura que demanda la plantación de olivos hasta que comience a dar producción.
“Este zapallo que sembramos es el Kabutiano o Tetsukabuto. Ahora, pronto, va a tirar la guía y la vamos a tirar hacia el otro lado. Esto, en teoría, vamos a tener cosecha en enero. Vamos a plantar del otro lado del sistema de riego de la plantación, nuevas plantas guía, los nuevos zapallos, para que produzcan hacia fines de abril, comienzos de mayo, antes de la entrada del invierno de forma tal que en la misma superficie podamos sacar dos cosechas de zapallo Kabutiano”, apunta Solmesky.
En este punto, agrega que “a un rinde promedio bajo normal de 4 toneladas por ha, le podamos sacar 7 u 8 mil kilos por ha dentro de la plantación de olivos. Ocho toneladas a 25 centavos el kilo nos daría a nosotros una producción de más de mil pesos por hectárea. En 10 has de cultivos son más de 10.000 pesos. Eso significa que con eso se puede costear y quedarle algún rédito a la empresa, mientras la planta de olivo va teniendo su desarrollo”, puntualizó.